Las dificultades económicas del momento hicieron que el edificio
quedara inacabado y posteriormente, en los años cuarenta, el arquitecto
Cèsar Martinell realizó una ampliación del mismo.
En 1987 el Celler cerró las puertas y pasó a ser propiedad municipal.
Actualmente, se está rehabilitando para lograr:
- la recuperación de las distintas máquinas y aparejos del proceso de elaboración del vino en su lugar de origen.
- la incorporación de una fachada de elementos horizontales de
cerámica que protege de la luz directa proporcionando una luz natural
tamizada y evitar de este modo la visión directa de los edificios
circundantes que tienen una altura comparativamente
desproporcionada.
- el gran reto de cerrar un edificio concebido originariamente para
estar abierto (en una bodega debe haber siempre ventilación permanente)
y tener en cuenta la estructura espacial y al unísono lograr el confort
interior garantizando a la vez su permanencia más allá de su
característica como monumento. Para ello las instalaciones climáticas y
acústicas adquieren una gran importancia en el proyecto de reforma.